El Poder de los Sin Poder
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En publicaciones anteriores, les contamos que Václav Havel, junto a otros filósofos y académicos, firmó la Carta 77, una célebre declaración de oposición política firmada en República Checa (entonces Checoslovaquia). A partir de ese momento, el Estado Checo inició una persecución en su contra. Havel fue interrogado y detenido, mientras que su querido amigo y mentor, el renombrado filósofo Jan Patočka, también fue sometido a largos y crueles interrogatorios, hasta que, en marzo de 1977, tras un nuevo interrogatorio marcado por abusos, Patočka falleció.
El funeral de Patočka se llevó a cabo en el cementerio de Břevnov en Praga, donde cientos de personas acompañaron la procesión. Sin embargo, el Estado Checo y sus autoridades interrumpieron la ceremonia de manera constante, ordenando que helicópteros sobrevolaran la zona y que policías en motocicletas hicieran tanto ruido como fuera posible para perturbar los discursos. También les tomaron fotos a los congregantes y los amenazaron con todo tipo de represalias. Las tácticas represivas del régimen buscaban la completa neutralización de cualquier individuo que se atreviera a expresar siquiera un atisbo de pensamiento crítico o a reivindicar la libertad individual.
Lo que siguió al funeral fue una operación crítica para resguardar y sacar del país copias de sus documentos, borradores y obras. Un grupo de exalumnos y colegas de Patočka, junto con diplomáticos, logró infiltrar y extraer copias de sus trabajos en distintas fases. Poco a poco, los duplicados de su obra fueron reunidos en el Instituto de Ciencias Humanas de Viena. Hoy en día, la memoria de Patočka se preserva en ambas ciudades, Praga y Viena, representando una gran victoria y un acto de resistencia ante la tiranía.
Para quienes se atrevían a criticar o expresar su oposición al régimen, solo les aguardaba el ostracismo y la demolición completa de su identidad en una sociedad totalitaria. En aquel entonces, se realizaron numerosos registros clandestinos que revelan cómo era la vida de aquellos disidentes políticos que, afortunadamente, no fueron ejecutados ni encarcelados. Profesionales de renombre, tanto hombres como mujeres, se vieron obligados a renunciar a sus puestos, despedidos o forzados a firmar cartas de perdón al Estado. A menudo, se veían compelidos a aceptar empleos en condiciones precarias y con escasa remuneración.
Resulta irónico que, en un Estado comunista que se jactaba de defender a la clase trabajadora, uno de los principales castigos, además de la prisión o la muerte, fuera “la degradación” a la clase del proletariado y la imposibilidad de cualquier tipo de movilidad social.
La pregunta que me surge es: ¿cómo podemos preservar la subjetividad del individuo, el pensamiento crítico y la libertad de elegir, bajo regímenes opresivos? Pienso en Kierkegaard, quien afirmó que la subjetividad es la verdad. Para él, la 'verdad' no se entendía como conocimiento objetivo, sino como autenticidad. El argumento de Kierkegaard era que, un individuo auténtico es aquel que vive de tal manera que se enfrenta a su condición de existir individualmente dentro de una sociedad. Es decir, la esencia de un ser humano radica en su existencia como individuo, y se debe vivir de forma que esta esencia se revele.
Este es un punto fundamental del ensayo "El Poder de los Sin Poder" de Václav Havel, publicado un año después de la muerte de Patočka y dedicado a su memoria.
En un estado opresivo, escribió Havel, las personas que no son obvios oponentes del régimen, se ven cooptadas de maneras sutiles. Por ejemplo, dice Havel, un verdulero recibe de la oficina central de su empresa un cartel con el mensaje estándar '¡Trabajadores del mundo, únanse!'. Se supone que debe colocarlo en su ventana, y así lo hace, aunque realmente no le importa el mensaje, tal vez ni siquiera entiende lo que significa. Sin embargo, sabe que, si no lo hace, podría enfrentarse a toda clase de inconvenientes. Al verdulero no le importa realmente el mensaje, lo mismo ocurre con el cliente que va a comprar verduras, y ve el mensaje, no le importa demasiado, probablemente tenga un cartel similar en su oficina. Havel plantea la pregunta: '¿significa esto que el cartel es inofensivo y carece de significado?' y la respuesta es no. Cada cartel contribuye a un mundo en el que la independencia de pensamiento y la responsabilidad personal son corroídas silenciosamente.
En todo el país, incluso en las oficinas de las figuras más altas, las personas sufren simultáneamente del sistema y lo perpetúan, mientras se dicen a sí mismas que nada de esto importa. Es una gigantesca estructura de mentira y banalidad que llega hasta la cúpula. Todos están involucrados, todos son instrumentalizados y esclavizados. Para Havel, es aquí donde el disidente debe intervenir y romper el patrón.
¿Pero pueden, los sin poder, realmente provocar un cambio? dentro de un sistema que busca suprimir la propia razón, conciencia y responsabilidad. Una cosa es clara: los regímenes de esta naturaleza, fundamentados en una ideología velada, tienen como único objetivo la subyugación de la razón y la conciencia a una autoridad superior que nunca se cuestiona.

Para Havel, el disidente debe romper el patrón y exigir el regreso a 'la verdad'. Como él mismo explica, en un sistema totalitario, vivir la verdad implica más que una simple dimensión existencial; posee una ineludible dimensión política. Si el pilar fundamental de un sistema es la mentira, no es descabellado afirmar que la mayor amenaza para un régimen totalitario radica en la decisión de vivir en la verdad. Por ello, en estos regímenes, la verdad debe ser reprimida con mayor severidad que cualquier otra cosa.
¿Y vivir en la verdad qué significa? No es solo ser un intelectual, o un activista o un estudiante que protesta. Es cualquier forma a través de la cual una persona o grupo de personas se rebela en contra de la manipulación, cualquier medio a través del cual las personas bajo un régimen opresor se rehúsan a ser instrumentalizadas y victimizadas en nombre del sistema.
Siguiendo a Kierkegaard, significa enfrentarnos a nuestra condición como individuos dentro de una sociedad, revelar nuestra esencia, ejercer pensamiento crítico, y elegir el tipo de sociedad en la que queremos vivir haciéndonos responsables por nuestras elecciones.
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La Ciénaga
En la ciénaga veo a mi padre
alimentando peces que han de morir
cuando llegue el invierno.
Sube el brazo derecho y se
seca el sudor de la frente con la mano.
Sus pies descalzos anclados
a una roca
mientras yo lo veo desde una
barca
que he construido con troncos
de árboles caídos.
Padre,
a veces pienso en ti en la ciénaga
y quiero creer que me abrigas
cuando llega el frío.
A veces, busco algún reflejo tuyo
en el espejo:
y no lo encuentro,
busco el cordón umbilical:
y no lo encuentro,
busco una célula:
y no la encuentro,
te busco haciendo el amor
con extraños:
y no te encuentro.
Padre,
a veces quiero matarte
cuando llegan las bestias:
y no te encuentro.
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